Saúl Craviotto: "Estamos deseando que pase este 2020 e ir a por el 2021 que va a ser nuestro año, seguro"


( 15/10/2020 21:17)
Deportistas, exdeportistas, entrenadores y miembros de las diferentes federaciones nacionales visitan a diario el Comité Olímpico Español. La sede del COE siempre está llena de vida, independientemente de que haya unos Juegos Olímpicos en el horizonte o algún campeonato importante. El despacho de Alejandro Blanco está siempre abierto para recibir a la gente del mundo del deporte. Y si miramos por un agujerito podemos descubrir historias maravillosas. Así que un día más hemos decidido colarnos en su despacho y ver qué ocurre entre esas cuatro paredes…   

El protagonista del día de hoy es Saúl Craviotto. El palista español ha venido a la sede del COE en Madrid para contarnos cómo ha sido el regreso a los entrenamientos, cuál es la clave de su éxito, los objetivos que tiene marcados tanto a corto como a largo plazo y a tomarse un café con Alejandro.  



Después del confinamiento, la suspensión de los Juegos de Tokio 2020 y tanta incertidumbre, por fin regresaron los entrenamientos y las competiciones. Con ellos volvió también la ilusión para los deportistas en general y para Saúl en particular. “Estamos estupendamente, muy ilusionados. Empezamos hace pocas semanas la nueva temporada y estamos deseando que pase este 2020 e ir a por el 2021 que va a ser nuestro año, seguro”, cuenta optimista el catalán.  

Con esta nueva campaña y el 2021 en el horizonte, el ilerdense tiene claro su objetivo: Tokio 2020. Y para alcanzar la meta marcada, Saúl seguirá la fórmula que tan buenos resultados le ha dado a lo largo de su carrera deportiva: “Yo siempre hago lo mismo: buscar el objetivo, trazar un plan y trabajar, trabajar y trabajar. Hay que intentar ir por ese camino y así es como se logrará lo que buscamos. Estoy convencido”. 

El piragüismo en las venas 

Fútbol, kárate y natación, acompañaron al piragüismo en sus inicios, pero dicen que de casta le viene al galgo y llevar el piragüismo en las venas hizo que la balanza se decantara a favor de esta disciplina. “Mi padre era piragüista, bueno, sigue siendo piragüista porque va todos los días a entrenar. Es un apasionado de la piragua. Y yo no recuerdo el primer día que me subí a una piragua. Tengo incluso una foto de chiquitín, cuando tenía menos de un año subido en la piragua en las piernas de mi padre, o sea que lo llevo en las venas. Es mi pasión también”, reconoce el medallista olímpico.  



“De pequeño hice varios deportes. Hacía fútbol, pero era bastante malillo y chupaba mucho banquillo así que decidí pronto que no era lo mío. Después hice kárate, que también duré muy poquito, y natación, que sí que me dio fuerte, pero al final el piragüismo era lo que más me divertía, lo que más me entretenía”, añade. 

Sin embargo, para llegar a ser el deportista que es hoy en día, no le ha valido solo con llevar este deporte en las venas, sino que, además, Saúl Craviotto ha tenido que esforzarse mucho, sacrificar muchas cosas e incluso abandonar su casa muy jovencito, pese a la preocupación y el miedo de su madre.  

“Con quince años me fui de casa para dedicarme a esto. Me llegó la carta de la federación diciéndome que estaba seleccionado para el equipo júnior. Para mí era un sueño, era increíble, pero en mi casa fue un drama, sobre todo para mi madre. Mi padre, aunque era un poco reacio, me animaba a ello, pero mi madre lo pasó muy mal. Ahora que soy padre me doy cuenta de lo mal que lo tuvo que pasar la pobre. Pero gracias a esa decisión que tomé tan jovencito, mi camino y mi vida me han llevado donde estoy”, relata el palista. 



Miguel García, referente y entrenador 

De hecho, fue en la Residencia Joaquín Blume de Madrid donde conoció a Miguel García, su referente por aquel entonces, entrenador durante todos estos años y con quien ha cuajado una relación infranqueable. “Para mi Miguel García es como… no sabría con qué compararlo. Es un amigo, un hermano mayor, un confidente. Es una persona en la que confío al 100% y el confía en mí. Con mirarnos a los ojos ya nos entendemos. Nunca hemos tenido una bronca, nunca nos hemos enfadado, siempre ha sido una relación muy fluida y de mucha confianza. Eso es básico”, explica.   

El binomio Craviotto-García ha cosechado cuatro medallas olímpicas –dos oros, una plata y un bronce-, diez metales mundiales -tres oros, cinco platas y dos bronces- y seis preseas continentales -tres oros y tres platas-. Unos éxitos con los que Saúl no soñó hasta que no llegó a Madrid. “Hasta que no llegué a la Blume, de junior, no empecé a soñar con ir a unos Juegos Olímpicos. Ahí me miraba en el espejo de los que por aquel entonces estaban en el equipo nacional. Y ahí empecé a soñar ya un poco a lo grande, pero de adolescente nunca soñé con ser campeón olímpico. Después, cuando me clasifiqué para Pekín y ya empecé en esta rueda de ganar medallas, ya solo me valía el oro. Pero es verdad que de pequeño me valía con ir a unos Juegos”, afirma el deportista internacional.  



Pese a ser campeón olímpico, mundial y europeo, Saúl siempre ha mantenido los pies en el suelo, algo fundamental para no desviarse de sus objetivos. “Intento no centrarme mucho en el camino central, sino que prefiero mirar hacia mis inicios. Saber de dónde vengo me ayuda a poner los pies en el suelo. En mi casa tengo mis cuatro medallas olímpicas y encima el primer trofeo que gané con nueve añitos. Tengo el inicio y lo que he conseguido a nivel olímpico. Son los trofeos que recuerdo con más cariño. El resto se los dejo a mi madre que le hace mucha ilusión”, cuenta con una sonrisa en la cara.  

A por la quinta medalla en Tokio 

Tokio 2020 está marcado en rojo en el calendario de todos los deportistas. Sin embargo, no todos tendrán en la capital nipona la oportunidad que tendrá Saúl de hacer historia y convertirse en el deportista español con más medallas olímpicas. “Van a ser unos juegos históricos a nivel mundial por todo lo que hemos vivido. Es verdad que yo estoy en modo guerrero. Ya estaba este año en modo guerrero y cortaron a pocos meses de la lucha, en seco. Pero ya estoy otra vez con el chip en modo guerrero y voy a por todas. Al final cuanto más difícil es el camino, mayor es la satisfacción. La aspiración es muy complicada: intentar ir a por una quinta medalla, porque tú (Alejandro) hablas de seis, pero eso lo veo muy difícil”, explica Saúl. 

“Eso sí, me planteo seguir luchando como lucho todos los días, dejarme la piel e intentar hacerlo lo mejor posible. Evidentemente sería maravilloso acabar con ese oro soñado, pero sobre todo quedarme con la sensación de que lo hemos dado todo, de que hemos tenido un camino tranquilo, que hemos trabajado, que nos hemos esforzado en todos los aspectos, que no ha habido trabas en el camino y que hemos llegado ahí en el momento exacto y nos hemos podido vaciar y darlo todo. Eso sería maravilloso”, reconoce el ilerdense.  



Su lado más humano 

Día tras día, Saúl sale a las 8.30 de casa y regresa a las 19.00, tras un largo día de entrenamientos. En el momento en el que cruza la puerta, deja a un lado al Craviotto deportista para aprovechar el tiempo con su familia. “Todo gira en torno a mis niñas, a mi mujer, a mi familia, porque me aportan energía en los momentos buenos y en los malos. Me han dado un plus de motivación espectacular. La clave está en que mi familia entiende que estoy viviendo una etapa más intensa de lo normal, porque estamos preparando los Juegos Olímpicos, me están coincidiendo muchos viajes, eventos, compromisos, mi trabajo como policía, se me está juntando todo mucho. Aun así, a lo largo del día siempre saco tiempo para mis niñas. Por las mañanas siempre intento llevarlas al cole, por la tarde soy el encargado de los baños, de leerles el cuento, de rematar la cena. Todo el tiempo que tengo en casa, intento pasarlo con ellas porque el tiempo pasa muy rápido. Intento exprimirlas al máximo”, confiesa.  

"Mi mujer es un apoyo fundamental. Ella es nutricionista y al final los pilares de un deportista son el descanso, el entrenamiento y la alimentación y si te falla uno de esos tres pilares, se derrumba todo. Tener el apoyo dentro de mi casa con una nutricionista, que además cocina de cine. Ella sí que es la auténtica MásterChef, yo soy un paquete a su lado. Es una maravilla”, añade Saúl.  



Durante la cuarentena, pudo aprovechar un poco más ese tiempo con las tres mujeres de su casa. Sin embargo, su labor como policía también le llevó a estar al pie del cañón. “No me considero ni un héroe ni nada por haber hecho mi trabajo. Al final soy una pieza más de un puzzle enorme de policías, de gente que, en esas semanas, esos meses, de tanta incertidumbre, estuvieron en primera línea de batalla como los médicos, sanitarios, servicio de limpieza… Hubo mucha gente que sin saber y sin tener mucha información estuvo ahí esas primeras semanas y yo como policía estaba haciendo mi trabajo. No considero que hiciera nada excepcional”.  

Una experiencia única 

Y es que cuando Saúl se propone algo, lo acaba consiguiendo. Y así nos lo demostró a todos en su paso por MásterChef: “No sé hacer nada a medias. De hecho, cuando me propusieron ir a MasterChef pensé: ‘ya que estoy aquí vamos a intentar hacerlo lo mejor posible’. Mi objetivo era no irme el primero, porque no tenía ni idea de cocinar. Yo tracé el plan y trabajé, trabajé y trabajé. Me fui a un restaurante a Asturias y entrené. Pero es como todo, con esfuerzo y trabajo se consigue todo, en el deporte, en la cocina, en los estudios, en el trabajo…Es todo lo mismo. Es la fórmula del éxito”.  



“Ese parón me vino muy bien. Fue el año siguiente a los Juegos de Río. Yo no había parado nunca, nunca me había tomado un año sabático, nunca había descansado. Y, en ese año postolímpico, con tres años por delante, a mí de cabeza me vino muy bien. Vi un mundo completamente diferente al que estoy acostumbrado y aprendí a cocinar, que eso ya se queda para toda la vida, o sea que muy contento y me vino genial”, añade. 

En Tokio, el ilerdense disputará sus cuartos Juegos Olímpicos, pero ¿le veremos disputar unos quintos? “Eso ya son palabras mayores. No pienso en ello, de momento. Primero vamos a volver de Tokio. Cuando vuelva de Tokio me iré de vacaciones y cuando vuelva de vacaciones haré como después de cada ciclo olímpico: me sentaré con Miguel, mi entrenador, tomaremos un café, nos miraremos a los ojos y diremos, qué, qué hacemos. Todo dependerá de la ilusión que tengamos en ese momento. Físicamente estoy bien, me estoy cuidando, las lesiones me respetan, pero lo que manda es la cabeza. No me atrevo a anunciar en mi retirada, pero tampoco a decir que estaré en París”, concluye Saúl Craviotto.  

Tras más de media hora de conversación, Alejandro se despide de él, agradeciéndole su visita, deseándole lo mejor en Tokio y expresándole su deseo de que esté en París 2024 para que siga haciendo historia.

Puedes visualizar el vídeo aquí: https://www.youtube.com/watch?v=vGr_c8LipOw