Jane Abascal: "Una de las cosas que enseñamos en #Moscú80 fue que los españoles podíamos ganar".


( 20/11/2020 09:39)
Los riesgos del COVID impiden que muchos de los deportistas, exdeportistas, técnicos o cualquier miembro del mundo del deporte que, habitualmente visitan la sede del Comité Olímpico en Madrid, puedan desplazarse a la capital para presentarse en la casa del deporte y de los deportistas. Pero para eso están las nuevas tecnologías, para que podamos reunirnos con nuestros allegados independientemente de la pandemia que estamos viviendo.

Y eso es lo que ha hecho hoy Alejandro Blanco. El presidente del Comité Olímpico Español se ha reunido con Alejandro ‘Jane’ Abascal, campeón olímpico de vela y abanderado en los Juegos de Los Ángeles 1984, para repasar junto a él su trayectoria deportiva, conocer cómo fueron sus inicios y qué sucedió cuando dejó la alta competición.



Eso sí, antes de nada, Jane ha asegurado que, aunque está apenado por toda la situación que se está viviendo, él y su familia se encuentran bien y gozan de una salud privilegiada. “Se echa mucho en falta el estar con los amigos y disfrutar de las pequeñas cosas, que yo creo que son las más importantes de la vida. Pero ahora nos toca apretarnos el cinturón y hay que ganar esto como sea”.

Su padre, carpintero de profesión, le abrió el camino de la vela

Dicen que muchas de las cosas que hacemos cuando somos pequeños es porque las aprendemos en casa. Y de tanto ver a su padre navegar y construir barcos de madera para los regatistas cántabros y españoles, Jane decidió con 9 años probar el mundo de la vela.

“Vengo de una familia muy humilde. Mi padre era carpintero y gracias a eso pude tener un barco muy pronto. De lo contrario, habría sido impensable. Empecé con nueve años y me gustó mucho. Tuve una afición loca. Vivía para ello”, asegura. Y añade: “Hoy en día es muy fácil aprender para todo el mundo, en dos semanas te enseñan muchísimas cosas. Pero entonces no había nada y tuve que aprender a base de prueba-error y volver a empezar. Fue una etapa bonita. Siempre me gustó. El tener el mar cerca y el que mi padre también navegase también me ayudó un poquito. Se daban el entorno y las circunstancias para que practicara vela”.



Pero no solo le construyó su primer barco. Jane, en 1974, se proclamó campeón de mundo por primera vez con uno de los navíos de su padre. “Siempre he navegado con barcos construidos por mi padre. Eran muy buenos barcos. Eran rápidos y los más bonitos, porque era un carpintero ebanista. Fabricaba barcos, pero eran muebles lo que yo”, cuenta entre risas. Sin embargo, cuando comenzó a competir en categorías olímpicas tuvo que utilizar otros barcos más elaborados (con fibras especiales, como la de carbono) que su progenitor ya no podía fabricar.

Campeón olímpico y abanderado

Pero cambiar de fabricante no modificó la forma de navegar de Jane, ni su ambición, siendo la prueba de ello su medalla de oro en Moscú 1980. “En Moscú todo son recuerdos bastante buenos, al menos en lo deportivo. Iba con muchísimas ganas, porque cuatro años antes, en Montreal 1976, tuve el gran fiasco de mi vida deportiva porque tenía que haber ganado y no gané. Así que a Rusia fui con muchas ganas. Íbamos a los Juegos a ganar. Las cosas se fueron dando bien, mejor de lo esperado, y ganamos el oro sin necesidad de contar la última regata. Fue una experiencia muy grande”, explica.

Con este triunfo junto a Miguel Noguer, Alejandro Abascal se convirtió en el primer deportista de vela que lograba un oro olímpico. Sin embargo, en Moscú no fue el único metal. La delegación nacional conquistó seis preseas para marcar el camino de todos los que vendrían detrás.


“Con el tiempo te vas dando cuenta de la importancia. Hoy tenemos un nivel deportivo en España muy grande y podemos hacer cálculos de cuántas medallas vamos a conseguir en los Juegos. Pero entonces, no teníamos costumbre de ganar, nos volvíamos la mayor parte de las veces sin ninguna medalla. En ese aspecto fuimos pioneros. Una de las cosas que enseñamos es que éramos capaces de ganar, que se podía ganar. Afortunadamente, el deporte español ha cambiado tanto que hoy en día es una maravilla”, afirma orgulloso.

Además, esa medalla de oro le llevó a abanderar al Equipo Olímpico Español en Los Ángeles 1984. Un momento histórico que recuerda de la siguiente manera: “Creo que ha sido una de las mayores alegrías deportivas de mi carrera. Fue un honor poder llevar la bandera española por el estadio, delante de todos mis compañeros. Recuerdo el momento de entrar al estadio, el estruendo que se monta cuando nombran el país y la gente aplaude. Verme delante de todos, con la bandera, en la pantalla gigante que había justo enfrente de la salida al estadio, es un momento que no podré olvidarlo en la vida”, reconoce emocionado.



Formador de grandes regatistas

La falta de un entrenador cuando el competía y sus ganas de trasladarle a los demás sus conocimientos en el mundo de la vela llevaron al cántabro a ser entrenador, una figura que considera fundamental. “Es un puesto muy importante porque ayudas muchísimo. Uno de los problemas que yo tuve en mi etapa deportiva es que no tuve entrenador. La federación tenía un entrenador para todas las clases. No había nadie que te siguiese el día a día”, reconoce.



“A mí siempre me ha gustado la enseñanza y cuando dejé de competir pensé que lo mejor era dedicarme a ayudar a los demás deportistas a conseguirlo. Es una labor complicada porque tienes que mezclar muchas cosas. El valor técnico, que es muy importante, con el factor psicológico. El cómo hables y reaccione un entrenador ante un momento adverso cuando ha habido una mala jornada deportiva y a continuación tienes una nueva regata, las palabras que le tienes que decir a tus chicos, cuando no les puedes decir que lo han hecho bien, pero les tienes que dar ánimos, hacerles creer que son capaces de volver a ganar”, añade.

Tanto le gustaba la enseñanza, que se licenció en Ciencias Físicas y preparó las oposiciones para profesor de instituto, pero finalmente fue la vela quien ocupó todo su tiempo. “Hubo un momento, justo después de los Juegos de Los Ángeles que tuve una pequeña crisis existencial. Tuve que decidir si me dedicaba a la vela o iba a la física y ahí pensé que como físico iba a ser uno del montón y en la vela no. Así que me decanté por el mundo de la vela y por la enseñanza, no solo a niveles de equipo olímpico, sino también de los más pequeños. En gran parte de los métodos de enseñanza que hay hoy en día he contribuido para desarrollarlos”, asegura.



Y aconseja a los deportistas que nunca dejen su formación y anima a las empresas a incluirles en su plantilla una vez finalizada su carrera deportiva: “Hay que seguir apostando por la enseñanza porque la vida deportiva tiene un final y hay que estar preparado para el día después. Es muy importante ayudar al deportista a formarse para que luego se pueda integrar en la sociedad. Hay que mentalizar un poco a las empresas porque aportamos otras cosas. El deportista está claro que cuando se mete en un proyecto, se mete a tope y hace lo mismo que en su deporte. Nunca da nada por perdido, trabaja las horas que sean, analiza lo que hace para corregir y mejorar. Y creo que eso puede ser un activo muy bueno para las empresas”.

Feliz en su día a día

Jane se retiró cuando tenía tan solo 32 años, pero su pasión por la vela jamás cambió y eso le ha llevado a volver a competir. “Sigo navegando en alta competición, en el seis metros que son los barcos que fueron olímpicos en los años 30 y 40. La gente que compite es gente mayor, pero gente buena. Este es el barco donde podemos seguir compitiendo y experimentando sensaciones maravillosas”, cuenta.

Pero su única pasión no es la vela. La música también ocupa un gran espacio en su corazón. “Hemos formado un coro, nos encanta cantar y cantamos de todo. Además, tengo un grupo de amigos y le damos a la guitarra y cantamos. La música es una maravilla. En el coro cantamos dos veces por semana y con el grupo nos juntamos el martes por la noche en el bar con unos vinitos y unos pinchos. Es muy divertido”, concluye feliz.

Tras una bonita conversación, Alejandro despide al campeón olímpico agradeciéndole el buen rato que han pasado y recordándole que, aunque hayan pasado cuarenta años desde su medalla en Moscú, sigue siendo una de las grandes figuras del deporte español.